Una conversación con un artista, perfumista, arquitecto o creador sobre lugares, memoria y percepción.
Hay lugares que reconocemos antes de verlos.
Una casa.
Un bosque.
El mar.
Una habitación en la que no habíamos estado durante años.
A veces basta con respirar.
Porque los lugares también tienen memoria.
Y quizá esa memoria tenga un aroma.
NO ES SOLO EL OLOR
Cuando pensamos en el aroma de un lugar, no hablamos únicamente de una fragancia.
Hablamos de todo lo que ocurre alrededor.
El aire caliente sobre la tierra.
La humedad después de la lluvia.
La madera de una casa.
La sal que llega desde el mar.
Las plantas que crecen cerca.
El humo de una cocina.
Incluso el olor de las personas que forman parte de ese lugar.
Todo se mezcla.
Y, sin darnos cuenta, construye una identidad invisible.
IBIZA NO HUELE A UNA SOLA COSA
Es imposible encerrar Ibiza dentro de una fragancia.
La isla cambia constantemente.
Huele diferente por la mañana que por la noche.
En verano que en invierno.
En el interior que junto al mar.
Después de la lluvia que después de varios días de sol.
Hay pinos.
Sal.
Tierra seca.
Hinojo.
Higos maduros.
Flores.
Madera.
Piedra caliente.
Y también está ese aire difícil de describir que aparece cuando todos esos elementos se encuentran.
Eso es lo que nos interesa.
No reproducir Ibiza.
Interpretarla.
EL AROMA COMO PAISAJE
Un paisaje no es solamente lo que vemos.
También es lo que escuchamos.
Lo que tocamos.
La temperatura que sentimos.
Y lo que respiramos.
Por eso una fragancia puede funcionar como una especie de paisaje invisible.
No muestra un lugar.
Te permite imaginarlo.
Quizá por eso algunos aromas nos transportan con tanta facilidad.
No necesitamos ver una playa para sentirnos allí.
A veces basta con cerrar los ojos.
UN LUGAR PUEDE CAMBIAR CUANDO CAMBIA SU AROMA
Piensa en una habitación vacía.
Ahora imagínala con olor a madera.
Después con flores.
Después con tierra mojada.
La habitación es exactamente la misma.
Pero ya no se siente igual.
El aroma puede modificar nuestra percepción del espacio sin mover absolutamente nada.
Puede hacerlo más íntimo.
Más cálido.
Más lejano.
Más familiar.
Es invisible, pero transforma.
CAPTURAR LO QUE NO SE PUEDE GUARDAR
Quizá crear una fragancia sea precisamente eso:
Intentar conservar algo que no puede conservarse.
Un lugar.
Un momento.
Una sensación.
En THE IBIZA CANDLES partimos muchas veces de esa idea.
No queremos embotellar un paisaje ni convertir una isla en un perfume.
Queremos trabajar con aquello que permanece cuando cerramos los ojos.
La sensación de un lugar que conocemos.
O incluso la de uno que nunca hemos visitado.
Y DESPUÉS ESTÁS TÚ
Una fragancia puede nacer de un lugar.
Pero cuando llega a otra persona, empieza otra historia.
Lo que para alguien es Ibiza puede ser para otra persona su infancia.
Una casa.
Un viaje.
Una persona.
Un verano.
Por eso nunca podemos controlar completamente lo que una fragancia significa.
Y tampoco queremos hacerlo.
Un lugar puede tener un aroma.
Pero cada persona lo recuerda de una manera diferente.
Quizá ahí esté la verdadera magia.
Porque un aroma no necesita llevarte exactamente al lugar del que nació.
Solo tiene que conseguir que, por un instante, estés en algún lugar.